29 de diciembre de 2010

Navidad y Solsticio de Invierno

Por estas fechas toca lo que toca, toca la típica entrada Navideña. No soy de las que adoran la navidad, precisamente, es más, me importa un comino la navidad, y lo único que me gusta de ellas son las vacaciones, nada más. Por supuesto, el Solsticio de Invierno si que me "importa más", pero no porque lo adore ni nada, sólo es eso, un solsticio, como el de primavera, como el de verano, y aún con lo poco que significan para mí, me importan más que la navidad, pero no significa que sea la friki de los solsticios.

Con esto pretendo decir que odio la Navidad porque es católica, y todo lo que representa, incluído el consumismo masivo en el que ha evolucionado en las últimas décadas. Y porque se usó bastamente para tapar una fiesta pagana, que curioso ¿verdad? Pero aún así, no voy a analizar el solsticio de invierno, decir lo que se hacía y por qué, simplemente lo nombro porque parece mentira que aún haya gente que no lo sepa.

No os voy a felicitar la navidad, lo siento, pero si era eso lo que buscábais podeis dejar de leer. Simplemente voy a decir lo que me gusta de esta época, que no tiene nada que ver con la Navidad. A mi lo que me gustan son las comilonas, pero no sólo por lo que se come, los turrones, las gambas y canapés, no, lo que me gusta es que se reúna toda la familia, incluso los que están en la península por trabajo. Eso me encanta. Pero no es muy excepcional. Tengo la suerte de tener una familia muy unida, de modo que no somos la típica familia que sólo se reúne en Navidad, pero nunca viene mal una vez más, sea la época del año que sea ¿no?

Otra cosa que me gusta, y es bastante consumista, son los regalos. Me gusta, me parecen un detalle. Si pudiera, haría regalos contínuamente. Pero no puedo por motivos económicos, obviamente. Pero reconozco que me gusta comprarle un regalo a mi madre y saber que se emocionará cuando lo vea porque he acertado, y me encanta ver a mis hermanas abriendo un montón de regalos, porque si algo bueno tienen estas fechas son las caras de felicidad e ilusión de los críos al abrir sus regalos. Esta es la parte que me gusta, mis hermanas y primos y sus regalos.

También me gusta decorar la casa con ellas, es una pasada, porque creo que eso expande su creatividad muchisimo. Ver las luces de colores alumbrando la casa, las girnaldas, los demás motivos navideños, me parecen muy "inspiradores", y a los niños les va genial eso, les ayuda a ser más creativos e imaginativos. Este año una mañana que estaban todos en el cole o trabajando, limpié la casa, saqué el árbol y los adornos, los desempolvé y monté el arbolito artificial. Cuando las niñas llegaron, ver sus caras fue la hostia. Comieron más deprisa que nunca antes y enseguida se pusieron a decorarlo todo, no quedó un adorno sin poner.

Otra cosa que adoro de estas fechas es una tradición familiar que me encanta. El día 26 de Diciembre es la segunda fiesta de navidad en mi casa, no tiene motivo religioso alguno, simplemente una de mis tías(tía abuela en realidad) nos invita a toda la familia a su casa en Palma a comer, con un montón de entrantes, sopa de navidad(que me encanta) y lechón. Después de comer, de tomar el café y los postres se reparten los regalos del árbol de su casa, son detalles graciosos, como bragas rojas y calzoncillos para noche vieja, calcetines, y cosas así, pero los más pequeños van cogiendo los regalos uno a uno y nombran para quien es en voz alta, se aplaude y se jalea, la persona en cuestión se levanta, abre el regalo delante de todos y lo enseña, fotos y más aplausos y jaleo. Es muy divertido. Luego, los jovenes, como mi tía, su novio, mi tío y mis tío-primos con sus parejas, llevan a los pequeños al cine a ver una película infantil. Yo ya entro dentro de los jóvenes, así que ya pago y todo, pero es una tradición que me encanta: ir al cine una vez al año con todos tus primos es una pasada, y muy divertido.

Lo demás: sencillamente hay vacaciones. Se puede ir al cine, a pasear por las calles sobrealumbradas y ver un montón de adornos divertidos que yo, personalmente, sería capaz de dejar todo el año, porque dan ese aire tan divertido y jovial a la casa.

Por lo demás, no tengo por qué celebrar que nosequién naciera tal día, porque no me importa una mierda. Yo celebro que en mi casa se come de puta madre con toda la familia, que se hacen regalos, que nos vayamos al cine juntos, que adornemos la casa. La navidad me la sopla, yo tengo una Navidad diferente, una propia, alejada de la religión y costumbres y tradiciones absurdas que cuatro tontos impusieron por mera conveniencia.

Así pues, deseo que paseis unas vacaciones divertidas, con todas esas personas que os importen, familia, amigos, compañeros, lo que queráis, y que lo celebréis de la manera que más os guste.

10 de diciembre de 2010

Mascotas

No sé si sabéis, porque ciertamente no lo he comentado nunca por aquí, que en casa hay un nuevo miembro en la familia: Sandy. Resulta que después de tanto tiempo buscando una mascota que me dure más de dos semanas, en Agosto encontré "de oferta" a una preciosa cachorrita ¿queréis verla?
Mucha gente es dada a querer y adorar a todos los animales por igual, defenderlos, dar la vida por ellos y blablabla. A ver, a mi me parece muy respetable esta postura, pero he de reconocer que nunca jamás he sido una amante de los animales. Algunos-pocos- me gustan más, otros menos, pero la mayoría, la inmensa mayoría, nada de nada. De todos los animales, para mí los peores son los perros. ¿Por qué? Fácil: me dan pánico. Exacto tengo lo que se dice "cinofobia", o fobia a los perros. Es ver un pastor alemán o galgo por la calle suelto y me cago viva. Incluso los no tan grandes me dan canguele, y muchas veces me he visto en situaciones embarazosas. Hoy no vamos a hablar de las fobias, al menos yo no, este punto podemos tratarlo bien en otro post. Hoy hablaré de la locura que supone para una ignoradora de animales y, concretamente, de los perros, adoptar uno.

¿Por qué un perro? diréis. Fácil: son cariñosos, "fáciles" de enseñar, fieles, se les puede sacar a pasear y, lo más importante, duran una burrada de años. Los que tengáis animales y los que os gusten, sabréis que enseguida se les pilla un cariño descomunal, y si mueren repentinamente te dejan bien jodidito una temporada. Bien, aun que penséis que soy una hurraca sin corazón que odia los animales, a mi me pasa igual.

El invierno pasado Nando, mi novio, me regaló un conejito enano precioso, y lo adoraba, le compré cosas para jugar y chuminadas varias. Y de repente, sin más, a la semana o así, murió de sopetón sin saberse por qué. Luego me regalaron otros dos, hermanitos, y más de lo mismo, duraron poquísimo y murieron de la misma horrible forma que Dori1. Indagando por internet supimos que esa raza de conejitos es propensa a morir por una enfermedad que algún listo soltó en los campos para contrarrestar que se comieran sus cosechas, y ahora esa enfermedad va libre por ahí matando tiernos conejitos. Me deprimí muchísimo y quise olvidarme de las mascotas.

Pero ent
onces, como muchas veces, me acordé de mi mascotita de la infancia, Toby, un pequinés con un toque de Pomerano realmente precioso, un perrito ejemplar, super cariñoso y fiel a más no poder. Se me murió cuando cumplió sus 14 años, y yo tendría pues como 8 o 9. Le echaba en falta muchas veces, así que decicí buscar un cachorrito de pequinés. ¡Vaya idea! No sé vosotros, pero yo fui incapaz, es imposible encontrar un pequinés, pues hay tiendas que incluso venden pomeranos diciendo que son pequineses!

Pequinés adulto








Cachorrito de Pequinés/Lulú de Pomerania

El caso es, que lejos de darme por vencida, seguí buscando, y al no encontrar pequineses, busqué Carlinos, esos chuchos tan monos, de cara aplastada y arrugada, con expresión de pena y los ojos saltones, el rabo enroscado y el tamaño de un cojín de sofá. Y también se me hizo difícil. Así que opté por ir a mirar por tiendas de Palma, y dije: lo primero que salga, pequinés, carlino o teckel(perro salchicha). Y a la primera tienda que fuimos allí estaba, con 2 mesecitos recién cumplidos y acabada de llegar, absolutamente perfecta, hembra, menuda y risueña. Una ricura. Y sin avisar en casa, sin ton ni son, me la compré y Nando me ayudó aportando un poco como regalo.
Hoy puedo decir que soy orgullosa dueña de una perrita que aún no ha crecido del todo, tiene casi 6 meses y es la mar de cariñosa y juguetona. Realmente no pude haber hecho mejor elección, es muy buen perro para los niños, y como es vaguete y pequeño, puede vivir en pisos tranquilamente. La única pega que le veo es que aún no he sido capaz de quitarle algunas malas costumbres y adiestrarla del todo, como el tema de sus necesidades, de dónde puede ir y dónde no y tal, pero bueno, todo se andará!

Y bueno, para los que, seguramente, vendréis con los temas de siempre de: comprar en tienda está mal, mejor adoptar y tal...ya, ya lo sé. Pero el tema es que me apetecía que fuera de un tipo concreto por una serie de razones que no tengo por qué justificar, lo que cuenta es que la perrita tiene un buen sitio dónde vivir y una buena vida, y si ella quiere, podrá seguir igual o mejor muchos años.

7 de diciembre de 2010

Mi Historia con Carmen

Bueno, como ya he comentado, he pensado en hacer un poco de introspección de mi misma, y de mi familia. Voy a contaros lo que sé y lo que recuerdo, desde mis ojos de niña, de toda mi corta existencia. Para empezar esta serie de sin duda emotivas entradas, no puedo empezar si no con una de las personas más importantes para mí: mi bisabuela Carmen.

Mi madre tenía sólo 17 años cuando se quedó embarazada de mi, y no tuvo tanto miedo en contárselo a su madre o a su padre como el que tuvo de contárselo a su abuela Carmen, la madre de su madre, Tere. Carmen era el máximo exponente de la familia, la viva imagen del carácter y la humildad que nos define. Como buena andaluza, era una mujer dura, fría y correcta, de mucho carácter, sin duda indomable, y efectivamente no se tomó nada bien la noticia del embarazo de su nieta adolescente, así que montó en cólera, regañó a mi madre y le dijo algo desagradable del estilo “eres una vergüenza” o algo así, y no volvió a dirigirle la palabra en los nueve siguientes meses, hasta que llegué yo.

Por aquella época, el 1991, a mi bisabuela le habían diagnosticado un cáncer de útero/ovarios terminal, y no le daban más de un año o dos. Aquello supuso un golpe para todos, pues era un pilar fundamental en la familia. No obstante, creo, y sólo creo, que algo cambió en ella con mi llegada. Tengo muchísimos recuerdos de mi bisabuela Carmen. Y hago un especial esfuerzo en llamarla “bisabuela”, pues para mí siempre fue y será “la abuela Carmen”, pero no quiero liaros. Recuerdo que le gustaba llevarme de paseo, me llevaba al suvenir que una prima suya tenía en Magaluf, me compraba una bolsita de patatillas o de chuches y me llevaba a pasear por toda la orilla de la playa, desde Magasol hasta Palma Nova. Recuerdo que muchas veces me quedaba con ella a dormir, y me sorprendía el hecho de que no durmiera en la misma habitación que su marido, mi bisabuelo Juan, claro que entonces era muy pequeña y muchas cosas escapaban a mis tiernos ojos inocentes. Ahora sé y comprendo, que el orgullo de mi bisabuela era tal, que no consentía muestra alguna de lástima o caridad, no le gustaba que se apenaran por ella, ni que la vieran como una persona vulnerable. Ahora puedo decir, que si no compartía habitación con su marido, era por vergüenza de mostrarse ante él sin la peluca que ocultaba los estragos de la quimioterapia. Aún así, ante mí no tenía ese pudor, muchas veces me llevaba a dormir con ella. En su habitación había dos camas iguales separadas por una mesita de noche, y aun que yo tardé años en conseguir dormir sola, aquel era el único lugar en el que dormía a gusto en una cama sólo para mí.

Recuerdo tantísimas cosas de ella, que me sería imposible contároslas todas. Creo que es imposible describir el amor que se siente hacia una persona así. Creo y siento que esa mujer me quiso con todas sus ganas. Creo, y me han dado a entender algunos parientes, que mi bisabuela fue una luchadora nata, y que yo de algún modo le di fuerzas para acallar las bocas de los médicos. Mi bisabuela no tenía más de un año de esperanza, dos como mucho, de vida, pero aguantó 6 años más. Murió poco después de nacer mi hermana Arianne. Uno de los últimos recuerdos que tengo de ella no lo he compartido con casi nadie, y creo que, de mi familia, el único que podía saberlo era mi bisabuelo Juan, y dado que no era muy comunicativo, creo que él se lo llevó consigo al otro lado. Este recuerdo para mí es especial, resume muy bien lo que mi bisabuela y yo sentíamos la una por la otra, resume en algo sencillo un sentimiento más grande que el mundo entero, así que espero que entendáis lo duro que es para mí escribir estas líneas, y abrir tanto mis recuerdos y mi corazón a todos vosotros.

Era por la tarde, y yo estaba en su cuarto pintando un dibujo en una mesita pequeña y redonda que tenía, y me entró hambre. Se lo dije y me dijo que qué quería merendar, un cola cao, unas tostadas, lo que fuera. Yo quería arroz con leche, y ni corta ni perezosa se levantó y se fue a la cocina a hacerlo. Allí estaba mi bisabuelo Juan viendo una minúscula tele en blanco y negro, de esas que la antena era más grande que el televisor, y se enfadó mucho al verla dispuesta a cocinar. Le dijo que volviera a la cama, y aquello no le gustó nada a Carmen, discutieron y, como siempre, ganó ella: se puso a la faena y pasado un buen rato me dio un bol de arroz con leche aún calentito. Estaba delicioso, creo que aún hoy no he probado uno tan bueno como el que hacía ella. El caso es que un detalle se me pasó por alto: ella estaba muy enferma, había empeorado mucho y le habían mandado reposo absoluto y tranquilidad. Creo que esa fue la última semana de su vida.

Recuerdo aquellos momentos, que para mi fueron confusos, con mucha claridad. Yo no caía en la cuenta de lo que estaba pasando, pues ella solía ausentarse por temporadas cuando la ingresaban en el hospital. Recuerdo que un día ella no estaba, pero vino toda la familia, como si hubiera comida familiar. Pero ella no estaba, eso era raro. Había un ambiente raro. Faltaba algo, eso sí lo notaba. Entonces miré a los ojos a la persona que me sujetaba la mano en el portal del edificio dónde mis bisabuelos tenían el piso, dónde aún hoy vive mi tío abuelo Juan, y dónde tenemos el bar La Cantina. Miré a los ojos de Tere, mi abuela, y estaba llorando. Ver a Tere llorar no era raro, llora con facilidad con ver una película, pero la tristeza que percibí en ese momento, ahora no me deja dudas. Ése fue el día que murió mi bisabuela. Los siguientes recuerdos son más espaciosos. Creo que durante días viví en una nube. No recuerdo si llegaron a decirme que había muerto, o si lo intuí, el caso es que no lo asimilé, pero sentía el dolor. Otro día, creo que era otro día, volvieron todos a la casa y después de hablar, abrazarse todos y consolarse, entraron en su habitación. Me pareció mal, entrar sin ser invitados, pero lo peor, lo que me cabreó de verdad fue que tocaran sus cosas. Abrieron los armarios, los cajones, cogieron la ropa, las joyas, los zapatos… me cabreé por dentro como sólo yo sabía hacerlo, y pensé que cuando ella volviera les caería la bronca del siglo por meter sus narices en sus cosas. Luego alguien, mi tía-abuela Antonia creo, se me acercó y me dijo que podía coger lo que quisiera para quedármelo. Escogí un bote de colonia. Mi bisabuela era muy austera, y compraba a lo grande, y a lo barato, y tenía varios botes de la colonia que siempre usaba en el armario, así que me quede con uno porque su olor me recordaba a ella. Aún guardo este frasco grande de agua bendita, y de vez en cuando lo abro y recuerdo el olor que antes siempre me acompañaba.

El último de estos recuerdos ya fue en Granada, fuimos todos sus hijos y yo al cortijo dónde mi abuela y sus hermanos nacieron, y debajo de un olivo arrojaron una parte de sus cenizas, tal y cómo ella había hecho prometer, además de vestir de blanco y no guardarle luto. Lo consiguieron a medias, recuerdo una escena muy parecida a la del portal, todos de pie, cabizbajos y en silencio. Creo que se despidieron de ella de corazón, y que por eso fue duro para ellos y no dijeron ni una palabra, al menos ninguna que yo recuerde. Yo, por mi parte, apretaba la mano de mi abuela Tere y le pedía por favor que no llorara. Yo nunca me despedí de ella, y no necesito hacerlo, porque para mí ella está presente todos los días de mi vida.

Mi bisabuela Carmen fue un ejemplo a seguir en todo lo que hizo en su vida, fue una madre responsable, una esposa fiel y respetuosa, una buena abuela, y para mí fue todo lo que pude desear. Mis primeros años de vida fueron una maravilla gracias a ella, y reconozco que nunca me he sentido tan querida por nadie como por esa mujer. Yo era su tesoro, le entretenía y le hacía olvidar, porque para mí ella era tan necesaria como el respirar, y mi dependencia de ella le ayudó a aguantar una enfermedad cruel y larga. A mí, en cambio, me ha ayudado mucho, gracias a ella soy una persona exigente, buena y respetuosa. Las cosas que ella me enseñó no hubiera podido aprenderlas mejor de nadie más. Y lo que me duele es que se fuera tan pronto, porque de cuatro que somos, ella sólo llegó a ver a una de mis hermanas, y me hubiera gustado que mis tres tesoros pudieran recordar a esa mujer que me enseñó a quererlas y protegerlas con toda mi alma y mis fuerzas.

6 de diciembre de 2010

Novedad: ahora también en video HD!

Pues para ir resumiendo, os dejo aquí todo lo que hace falta saber de esta entrada, hoy no perderéis el tiempo leyendo, hoy toca escuchar-si queréis- y aguantar mi vocecilla y careto un par de minutos ¡espero que os guste!



Ya sabéis, comentad lo que queráis, sugerid, quejaros, lo que haga falta. Un beso.

3 de diciembre de 2010

Controladores Aéreos

Vaya un descontrol con los controladores. Ya hace tiempo que se vienen oyendo una serie de noticias, de que se quejan, pero que nadie sabe por qué, que si hacen huelgas, que si se negocia, que si se pacta, que no. Y ahora esto, en pleno puente van y huelga. Pues sinceramente, me parece de tener un buen par de cojones. Han conseguido lo que querían, que se vea la importancia de su trabajo. En ese aspecto, un aplauso para ellos.
Por lo visto, la situación es muy complicada: el enfrentamiento entre este colectivo y el ministerio viene tan de lejos que sería largo relatar todas las causas que tienen para quejarse. El caso es que el colectivo ha estallado. Se han quejado y les han ignorado, y ahora es lo que hay.

Lo que me parece, no mal, si no poco correcto, es que la gente la tome contra los controladores. No quiero ofender a nadie, y tampoco sé los detalles suficientes como para juzgar el tema, pero mi opinión es la siguiente:

Los controladores aéreos son trabajadores con muchísima presión, pues de ellos dependen las vidas no sólo de los pasajeros que viajan a bordo de los aviones que guían y controlan, si no las de todas las personas, amigos, familiares y conocidos de esos viajeros. Y es que todos sabemos lo trágico que es cuando un avión se estrella ¿quién no recuerda el horror del avión de Spanair hace un par de años? Son muchas vidas de golpe, y entiendo que necesiten unas condiciones mínimas para poder hacer su trabajo con eficiencia y seguridad.

Pero la gente no ve lo obvio: este colectivo lleva quejándose meses, casi un año! Y no es sólo que no les hagan caso, es que la gente no piensa que en manos de esta gente están miles de vidas diariamente. Yo, personalmente, lo tendría muy en cuenta, por que en el momento en que un avión se estrelle por culpa del cansancio y falta de atención de un controlador, el mundo se le echará encima.

Y lo peor, a mi modo de ver, es que esas personas que se van de vacaciones criminalicen e insulten a estos trabajadores. A ver, entiendo que es jodido, tener un puente, las vacaciones planificadas y que te las trunquen, pero no es todo culpa de los controladores. Son trabajadores, y si les ignoran ¿qué van a hacer? Yo no les increparía a ellos, increparía al ministerio por una mala gestión de un problema tan serio, esto es culpa de ellos, por dar largas siempre, y prender estirarlo todo y economizarlo al máximo.

La situación está complicada, hay muchos bandos, muchos puntos de vista, y sobre todo muchísimos afectados: los controladores y los usuarios de aerolíneas. Pero el factor común, el que ha fallado en su misión, sin duda, el ministerio. Y ahora se llevan las manos a la cabeza, esto estaba anunciado. La próxima vez que se lo piensen antes de ignorar a cualquier colectivo.

Y por mi parte, controladores de España, olé vuestros cojones. Y a las víctimas y reclusos de los aeropuertos, paciencia. Y a los medios de comunicación: simplemente dejad de meter mierda, que para informar mal, mejor callarse.

Nada más, besos, y me repito, sólo es una opinión, sin ánimo de polemizar ni herir a nadie, simplemente mostrar una visión que la tele, radio, periódicos y gobierno no muestran.